Hoy analizaremos un hecho que marca un punto de quiebre regional e internacional: Donals Trump y Nicolás Maduro, y el orden al golpe liberal internacional.
El 3 de enero de este año 2026, Estados Unidos ejecutó en Caracas la operación militar Absolute Resolve, que incluyó bombardeos y un amplio despliegue aéreo para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro y Asilia Flores, quienes fueron trasladados fuera del país para ser juzgados por narcotráfico y tráfico de armas.
Donald Trump afirmó que Washington gobernará Venezuela hasta garantizar una transición segura. Mientras en Caracas Teresa Rodríguez fue juramentada como presidenta interina y denunció una grave violación de la soberanía nacional.
En América Latina el hecho se percibe como un cambio de régimen impuesto desde el exterior que revive los fantasmas de la Guerra Fría. Ahora bajo el discurso de restaurar el orden y restaurar el control de los recursos estratégicos, especialmente el petróleo.
El mensaje va más allá de Caracas. Gobiernos de la región lo leen como un acto o una advertencia dirigida también a Cuba, Colombia y Nicaragua y a otros países señalados por Trump como narcoregímenes.
Ahora el presidente habló, vamos por Groelandia. Analistas hablan de una doctrina trompista que combina el uso de la fuerza, control energético y reafirmación de la hegemonía hemisférica observada con atención en Pekín y Moscú.
En el plano jurídico el impacto es profundo. Expertos sostienen que la operación viola la carta de la ONU, no se ampara en la legítima defensa, carece de mandato del Consejo de Seguridad y no fue autorizada por el Congresoense.
Si se normaliza la captura de un jefe de estado por operaciones militares, se reduce peligrosamente el umbral para futuras intervenciones unilaterales. Europa, China y Rusia condenan la violación de la soberanía, pero también toma nota de una señal inquietante.
Estados Unidos está dispuesto a usar la fuerza masiva para imponer resultados políticos. La pregunta de fondo es, ¿Qué queda del orden liberal internacional? Ese sistema que prometía reglas, límites al uso unilateral de la fuerza.
Desde esta mirada al mundo, el dilema es claro. O se defiende y se reforman las reglas siendo los incluyentes o se aceptan las reglas del más fuerte. Y en este caso América Latina y el Caribe una vez más aparecen como escenarios débiles.
